IV.
LAS ESPECIES DEL CONOCIMIENTO.
1. El problema de la intuición y su historia.
Conocer significa
capturar un objeto espiritualmente. La conciencia relaciona el objeto con
otros, lo compara, saca conclusiones.
La conciencia para aprender
se ayuda de las operaciones intelectuales.
Conocimiento intuitivo: Conocer
viendo; consiste en que se capta inmediatamente el objeto. Se da por la
experiencia. Es espiritual.
- Intuición material: Se trata del
conocimiento de una realidad material, de un objeto o un hecho maravilloso.
El ser espiritual
del hombre presenta tres fuerzas fundamentales:
- El pensamiento: Responde a la
intuición racional. Aprende la razón.
- El sentimiento: Responde a la
intuición emocional. Aprende el sentimiento.
- La voluntad: Responde a la
intuición volitiva. Aprende la voluntad.
En los tres casos
anteriores hay una captura inmediata de un objeto (intuición).
Todo objeto
presenta tres aspectos o elementos:
- Esencia: Coincide con la
intuición racional.
- Existencia: Coincide con la
intuición volitiva.
- Valor: Coincide con la
intuición emocional.
Platón es el
primero que habla de una intuición espiritual. Según él, las ideas son
percibidas inmediatamente, intuidas espiritualmente por la razón. Se trata de
una intuición material donde lo que vemos son contenidos espirituales,
realidades materiales. Esta intuición se debe caracterizar por una intuición
racional porque es una función del intelecto.
La intuición del
Nus reemplaza la intuición de las ideas. La intuición del Nus es una actividad
intelectual. Plotino conoce una intuición del principio supremo de la realidad,
de lo Uno (lo Divino). La contemplación de Dios no es en Plotino algo racional,
sino que está influenciada de elementos emocionales.
San Agustín en la teoría
del conocimiento se ve influenciado por Plotino. El mundo inteligible
(comprensible) se convierte en el contenido del pensamiento divino. San Agustín
habla de una visión de lo inteligible en la verdad inmutable (inalterable).
Para él también se trata de una intuición racional y también conoce un grado
superior de visión divina: en las experiencias y vivencias religiosas entramos
en contacto con Dios. San Agustín presenta una visión mística de Dios
-influenciado por la Biblia- como un proceso en el fondo emocional.
La mística defiende
el derecho de la intuición, en especial de la intuición religiosa. La mística
ve una fuente de verdad en las vivencias y experiencias subjetivas
(personales), en la intuición subjetiva.
La contienda entre
el agustinismo y aristotelismo gira en torno a los derechos de la intuición, en
especial de la intuición religiosa. Proclaman una visión inmediata, mística, de
Dios. Decían que Dios puede ser experimentado y vivido inmediatamente, puede
ser visto espiritualmente.
En la Edad Moderna,
el cogito ergo sum (pienso, luego
soy), de Descartes, significa el reconocimiento de la intuición como un medio
autónomo de conocimiento.
En Pascal también
se encuentra el reconocimiento de la intuición como una fuente autónoma de
conocimiento. Pone al lado del conocimiento por el intelecto un conocimiento
por el corazón; al lado del conocimiento racional un conocimiento emocional.
En Spinoza y en
Leibnitz la intuición no representa ningún papel notable en la teoría del
conocimiento. Igual en Kant quien sólo conoce una experiencia que consiste en
crear material empírico. Para Kant sólo hay un conocimiento discursivo
racional.
En la filosofía
inglesa David Hume, tiene la convicción de que nuestra razón no puede conocer
que hay cosas, ni tampoco cuál es su esencia. Según Hume, el centro de gravedad
del ser humano reside en el lado práctico. Pone al lado del órgano del
conocimiento teórico y racional, otro órgano práctico e irracional. El hombre
hace un acto de la parte afectiva, que de su parte pensante. Sostiene que
conocemos de un modo inmediato la realidad.
Otros filósofos
ingleses admiten un conocimiento intuitivo en el terreno de los valores. Según
la teoría de Hutcheson capturamos inmediata y emotivamente, tanto los valores
de lo bello (sentido estético) como los de lo bueno (sentido moral). Nuestros
juicios de valor éticos no descansan en la reflexión sino en la intuición.
Según Fichte, hay
una intuición espiritual, intelectual. Es el órgano mediante el cual el yo
absoluto se conoce a sí mismo y conoce sus acciones. Lo mismo pasa en
Schelling, dice que capturamos por nosotros mismo mediante una intuición
intelectual. Schopenhauer cree en una intuición espiritual y dice que mediante
ella capturamos la esencia de las cosas y encontramos la clave de la
metafísica.
Fries distingue
tres fuentes de conocimiento: el saber, la fe y el presentimiento. Define el
presentimiento como “un conocimiento por puro sentimiento”, y según esto, es el
órgano del conocimiento religioso.
Schleiermacher no
cree en el intelecto, ni en la voluntad, sino en el sentimiento. Dice que la
religión consiste en capturar intuitiva y emotivamente el principio del
universo.
Hermann Cohen se
vuelve con un innegable odio contra los “predicadores de la intuición”. Según
Cohen, la intuición es una ilusión, y por ende, la contradicción del
pensamiento científico. Dice que hay que mantener la exigencia de “un método
para un conocimiento”.
La actitud del
realismo crítico frente a la intuición, es negativa. Para José Geyser la idea
de la intuición como fuente de conocimiento es equívoca. Tal como él percibe el
conocimiento humano, los únicos objetos que se pueden captar por intuición, por
una percepción inmediata, consisten en las realidades individuales. No admite
como fuente de conocimiento una intuición de objetos metafísicos como Dios.
Sólo admite una intuición racional.
Messer reconoce la
intuición en el terreno de los valores. Según él, capturamos de un modo
inmediato, intuitivo, no solamente los valores estéticos sino también los éticos.
Para Messer la intuición es el único órgano de su conocimiento. Dice que en el
terreno metafísico hay un conocimiento intuitivo.
Volkelt entiende
por intuición la vivencia inmediata de algo inexperimentable. Los objetos que
conocemos por la intuición son, ante todo, el propio yo, el mundo exterior y
las demás personas. Además capturamos intuitivamente los valores.
Según Bergson, el
intelecto no puede acceder en la esencia de las cosas. Mediante la intuición
asumimos la realidad por dentro, nos introducimos en la vida. La intuición es
la clave de la metafísica.
Dilthey entiende la
intuición como algo absolutamente irracional, como un entrar en contacto con la
realidad de un modo emotivo y volitivo. Según Dilthey la intuición es el
verdadero órgano de conocimiento del historiador.
En la fenomenología
el objeto de la intuición inmediata no es la realidad como tal, no es la
existencia, sino la esencia. El fenomenólogo cree captar en una intuición
esencial inmediata.
Para Husserl la intuición llega hasta donde llegue la
posibilidad de la ideación o intuición esencial correspondiente. Él sólo conoce
la intuición racional, la que él llama la intuición esencial.
Scheler admite una
intuición emocional y ve en ella el órgano de conocimiento de los valores.
Éstos se hallan, según él, ciegos al intelecto. Los valores son captados por
nuestro espíritu. Caracteriza este modo de conocer como un “sentir
intencional”. Según Scheler, Dios es conocido intuitivamente. Para él sólo hay
un medio de conocer a una persona: que ella se revele.
2. Razón y sinrazón del intuicionismo.
Quien ve en el
hombre un ser teórico, cuya principal función es el pensamiento, sólo admitirá
un conocimiento racional donde es evidente un exclusivismo que procede de una
actitud alejada del mundo y de la vida. Quien está en contacto con las
realidades concretas de la vida y pone el centro de gravedad del ser humano en
el lado emocional y volitivo, reconoce en el hombre, junto a la forma
discursiva-racional del conocimiento, otras clases de capturación de objetos;
verá que el intelecto humano está incluido en la totalidad de las fuerzas del
espíritu humano.
Dilthey dice “en
las venas del sujeto cognoscente (que conoce) no corre verdadera sangre, sino
el humor enrarecido de la razón, considerada como mera actividad intelectual”.
Dilthey llega a poner al lado del conocimiento discursivo-racional otro
intuitivo-irracional.
En la actividad
teórica toda intuición ha de legalizarse ante el tribunal de la razón. Y en la
actividad práctica como seres que sentimos y queremos, la intuición es el
verdadero órgano de conocimiento. Todos los grandes sistemas metafísicos se
establecen en último término en ciertas intuiciones. La intuición no puede ser
nunca la base última de la validez en ningún juicio en la esfera teórica ni,
por ende, en la metafísica. La última instancia en esta esfera es la razón.
Según Dilthey, como
seres de voluntad y acción entramos en contacto con la realidad, vivimos la
realidad en las resistencias que nos opone.
El filósofo Max
Frischeisen-Köhler dice que estamos indefensos al problema de la realidad si
sólo admitimos dos fuentes de conocimiento: la sensación y el pensamiento como
decía Kant. Una verdadera solución del problema es posible si se admite además
de la sensación y el pensamiento, otra fuente de conocimiento: la experiencia
interna y la intuición.
En nuestro
pensamiento y voluntad nos vivimos como seres existentes, nos basta una simple
auto-intuición para asegurarnos de nuestra propia existencia. Según Bergson,
hay por lo menos una realidad que comprendemos desde dentro, por intuición y no
por análisis. Es nuestra propia persona en su curso a través del tiempo, es
nuestro yo, que dura.
En las esferas del
valor, la esfera estética es donde la intuición es menos discutida. No se
discute seriamente que el valor estético de una imagen sea captado por nosotros
de inmediato o emocionalmente. Los valores estéticos no pueden percibirse
intelectual ni discursivamente, sino sólo emocional e intuitivamente.
En la esfera ética,
los juicios morales se basan en una experiencia y captación inmediata, emocional,
de los valores. El íntimo valor, la verdadera cualidad valiosa de sentimientos
como la justicia, la templanza y la pureza, sólo puede experimentarse y vivirse
inmediatamente, sólo puede conocerse intuitivamente.
El valor objeto de
la vida religiosa, el objeto de la religión, sólo puede conocerse por vía
discursivo-racional. La vivencia y la intuición también representan un papel
sobresaliente en la esfera religiosa.
Al exponer la
historia del problema de la intuición, se ve el importante papel que la teoría
del conocimiento intuitivo-místico de Dios ha representado en la historia de la
filosofía y de la teología.
En la esfera
metafísica sólo hay un último término, un conocimiento racional. La razón tiene
la última palabra. La metafísica trata exclusivamente de lo absoluto, del
principio del universo.
V.
EL CRITERIO DE LA VERDAD
1. El concepto de la verdad.
No es suficiente
que nuestros juicios sean verdaderos; necesitamos la vivencia de que lo son.
El concepto
trascendente de la verdad consiste en la concordancia del contenido del
pensamiento con el objeto. Pero frente a éste concepto aparece otro que podemos
designar como concepto inmanente de la verdad, en éste la esencia de la verdad
no se basa en la relación del contenido del pensamiento con algo que se
encuentra frente a nuestro pensamiento, sino con algo que está dentro del
pensamiento mismo. La verdad es la concordancia del pensamiento consigo mismo.
Al elegir entre los
dos conceptos mencionados anteriormente se escoge el realismo, lo que significa
rechazar el concepto inmanente de la verdad porque puede caracterizarse como
concepto idealista de la verdad donde sólo tiene sentido el terreno del
idealismo.
La verdad del
conocimiento sólo puede consistir, por ende, en la producción correcta -conforme
a las leyes- del objeto, esto es, en que el pensamiento concuerde con sus
propias leyes.
Para Kant los
objetos representan un papel importante en la explicación genética del
conocimiento. Son la causa de las sensaciones, que se producen porque las cosas
en sí afectan nuestra conciencia.
Nuestro
conocimiento está y estará en relación con los objetos, pero ésta relación no
necesita consistir en una reproducción; basta admitir que entre el contenido
del pensamiento y el objeto existe una coordinación, una relación regular.
El conocimiento
representa una relación entre un sujeto y un objeto.
El conocimiento
hace valer la esfera de la lógica, a ésta esfera se le designa con el nombre de
logicismo.
2. El criterio de la verdad.
Nuestro pensamiento
concuerda consigo mismo cuando está libre de contradicciones. El concepto
inmanente o idealista trae consigo considerar la ausencia de contradicción como
criterio de la verdad.
La ausencia de
contradicción no es un criterio general, válido para todo el conocimiento, sino
que es válido solamente para una clase determinada de conocimiento, para la
esfera de las ciencias formales o ideales; ejemplo: la lógica o la matemática
porque el pensamiento no se encuentra con objetos reales sino con objetos
mentales.
El criterio anterior
fracasa tan pronto se dejan de tratar los objetos ideales y se empiezan a
tratar los objetos reales u objetos de conciencia. Aquí aparece otro criterio
de la verdad que consiste en la presencia o realidad inmediata de un objeto.
Todos los juicios que descansan en una presencia o realidad inmediata del
objeto pensado son verdaderos.
Volket incluye
además de la evidencia de la percepción, la evidencia del pensamiento
conceptual dónde se evidencia un criterio de la verdad.